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Primero haga un plan con los adultos de su familia

La incertidumbre creada por el fantasma de las deportaciones puede afectar a los adultos y también a los niños pero tenga cuidado al tocar ese tema delicado frente a sus hijos.

Los niños escuchan nuestras conversaciones y las de conocidos en la escuela y aunque no lo digan, sus preocupaciones podrían reflejarse en cambios repentinos de actitud.

Ustedes “querrán sentarse con sus hijos y escuchar lo que ellos tienen que decir”, recomiendan psicólogos infantiles. Pregúntele cómo se siente.

Uno de los consejos es minimizar el tiempo que ven la televisión para que no estén escuchando cosas que no pueden entender. Algunos pequeños han expresado temores de que los separen de sus padres y nunca vuelvan a saber de ellos.

Los padres deberían platicar entre sí y con alguien de confianza para establecer un plan, qué harían, quién buscaría a sus hijos si ellos son deportados.

Aclaran que es importante ser sinceros con los niños sobre la situación de su familia y explicarles con palabras sencillas que la familia ha definido un plan, así ellos se sentirán más seguros de que no quedarían desamparados.

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